La Dimensión Humana

por Facundo Sayago

Todos los pronósticos fundados de la mecánica política de los acuerdos electorales, indicaban una inexorable negociación del hombre furgón con la ex mandataria, para conformar un frente de unidad que terminara de ordenar la ruidosa murga del peronismo.

Los más escépticos de su demencial intransigencia, auguraban un naufragio final del endeble frente electoral fundado por el ex ministro, basándose únicamente en la dimensión política y entendiendo que el “tensionar y negociar” es la herramienta elemental de un político sin demasiado para ofrecer. Con un caudal electoral relativamente insignificante y un andamiaje pseudo-peronista frágil y de lealtades cuanto menos cuestionables, su despliegue territorial en la provincia de Buenos Aires  es poco más que un puñado de alcaldes con más para aportar de lo que podían recibir. Aquellos vacilantes con la responsabilidad de ganar o sostener mayorías en sus concejos deliberantes, deberían embarcarse en una interna suicida contra una mujer que, sin lugar a dudas, fuera el factor aglutinante del fenómeno político más relevante de los últimos 50 años.

Se decía que contaba chirolas, y que por ello optaría por la extorsión para posicionarse muy por encima de lo que su acumulación le hubiera permitido. Con poco que ofrecer, pero con una capacidad de daño significativamente mayor, postergaría la negociación hasta el último minuto. Una movida de manual, nada que preocuparse. Oportunidades para esquivar el suicidio sobraron, pero finalmente sucedió lo inesperado, y el por qué, asoma como una incógnita irrelevante y atractiva.

Aquellos “fieles” al ex ministro sin responsabilidades ejecutivas, como Miguel Pichetto, Abal Medina, y muchos dirigentes del Movimiento Evita, sencillamente se abrieron paso con maniobras mezquinas y  de a ratos payasescas, imposibles de descifrar políticamente. Mucho menos entendiéndolos en el marco de proyecto colectivo. Parecieran estar sencillamente inmersos en la inercia del todo por el todo, en una quijotada sin caballo, sin molino, y con una literatura que seguramente los dejaría olvidados en la banquina de la historia. Atrapados entre el fuego amigo de su ego, el repudio de sus pares, y un sinfín de errores políticos inexplicables, su trayectoria es tan errática como auto destructiva. Los intereses colectivos no son siquiera una variable de análisis merecida.

Quizás sus motivaciones no tengan un asidero estrictamente político. Al considerar la dimensión humana en la ecuación, lo primero que aparece es un hombre que se negó a ser gobernador de la provincia, para retener lo que entendía que la gente le había conferido, su dignidad. Dignidad que creía como bonos de representatividad que irían tomando valor, y podría liquidarlos en cualquier momento  para alcanzar objetivos electorales de mediano plazo.  Se ve a si mismo como la moneda con la que se mide la honestidad. Concepto que vociferó, remarcó, plasmó en el nombre de su partido, e incluso vertebró esa divertida carta,  luego de su frustrada postulación en 2015.

Una valoración propia sesgada, casi subvaluada en términos de sus propias cualidades, cualquier dirigente que se piense a sí mismo en función de una sola virtud, difícilmente tenga largo trayecto. Su aporte, su verdadera talla, su genuina valía, ya no tenían importancia. Florencio Randazzo pensó que si negociaba, se desvanecería, que su esencia heroica se desnaturalizaría y quedaría condenado a la ignominia de pertenecer a un proyecto colectivo. Finalmente lo mejor de sus virtudes de dirigente sucumbieron ante lo más vandálico de sus flaquezas humanas.